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miércoles, 20 de octubre de 2010

Let it Go...

Los “días de…” me resultan algo totalmente intrascendente y comercial. Desde el día del amigo, para el que, por alguna extraña razón, todos se empeñan en salir y saturar cada restaurante o bar sólo para seguir la misma rutina habitual, o juntarse con una pila de viejos conocidos que ya nada tienen que ver con los amigos que una vez compartieron cosas en común; el día de la madre, padre o niño, en el cual “ese” día no cocina la vieja, o le regalamos un pijama nuevo a papá o sumamos un juego más a la ya sobredimensionada colección de chiches de los chicos; o el día de la virgen, feriado nacional sólo porque Méndez quería demostrar que era un cristiano digno de ser presidente(¿?).
Cada uno de esos días me resulta superfluo y trato de evitarlos; sin embargo, el día de la madre me puso a pensar en la ausencia. No en quienes lo festejan, sino en quienes no tenemos a quien rendir homenaje. Hace ya más de quince años que mi vieja dijo basta por esta ronda y en ese tiempo varias cosas más pasaron, algunas dolorosas y otras felices; y mientras la vida pasaba fui haciendo el luto paulatino, desde no poder soportar que me la recuerden o hablen de ella o cualquier madre sin que se me cayera una lágrima; tuve que cargar también con la muerte de mi viejo menos de dos años después; conocí la filosofía ,que me iba a dar una visión renovada y más racional del universo y sus causas; y finalmente dejarlos ir, en un sueño que todavía recuerdo algo difuso, en el que literalmente me despedía de ella.
Pero si bien el luto es un proceso largo que requiere tiempo, fortaleza y procesos concientes e inconcientes, su principal característica es la ausencia que debemos asimilar para seguir adelante. Es poder entender que esa persona ya no está más y que lo único que podemos mantener son bonitos recuerdos que nos permitan aprender de sus éxitos y fracasos, para poder aplicarlos en nosotros y con los demás.

También llamamos luto al proceso de desenamoramiento que debemos continuar al rompimiento de una pareja; pero si bien en la aplicación anterior, la ausencia de la persona marca un corte, una línea impasable de la que no se puede volver, cuando hablamos de parejas y relaciones ese corte no está bien definido y solemos ir y volver, muchas veces pisando y borroneando esa línea, haciendo los límites más difusos.
 
No le deseo la muerte a nadie, pero cuánto más fácil sería lamentar una ausencia irremediable que sufrir una presencia inalcanzable? Menos mal que todavía no hay un día de la ex novia!!!

6 comentarios:

Lila Biscia dijo...

Ay... no puedo evitar partir el comentario en dos:
1º es muy sentido lo que escribiste sobre tu madre. De verdad que transmitiste mucho con tus palabras, y por eso, te abrazo fuerte.

2º yo se que parece imposible, cuando uno transita el espacio de duelo amoroso. Que parece que nunca vamos a poder despegar de ahí y que todo lo que te digan los demas, parecen frases hechas. Pero yo te juro, pero te juro que es real que hay un día en donde te despertas y ya no te acordas durante horas; otro que su recuerdo se empieza a desdibujar; otro en el que empezas a verle solo los defectos; otro en el que con bronca decís: pero si al final era una mierda ella y la relación, y por eso terminamos; y otro, que definitivamente, desaparece de tu memoria y cuando por alguna razón recordas, esa imagen, te es indiferente.
Acá tambien te abrazo.
:)

Lil.

AS dijo...

Lilus, gracias por ambos abrazos :D
Ese proceso tarde o temprano (en mi caso tardísimo) se completa, pero el problema, como digo en el posteo es no poder olvidar lo que diariamente se vuelve a dibujar con su presencia, ni hacer un corte cuando hay elementos compartidos a los que ninguno quiere ceder...
Beso!

Lila Biscia dijo...

Ay! te re entiendo!
eso solo demora. pero finalmente llega.
mira como te mando todas mis energias para ti (y las apestosas para ESA jaja)
muas

Mau dijo...

que buena plantilla :D

Bety La Fea dijo...

Tu paralelismo entre ambos lutos sobre la ausencia me lleva a pensar cómo influyen las circunstancias y situaciones familiares en nuestra vida y relaciones (cuando no están del todo procesadas y asimiladas) y sobre todo en el intento por formar uno su propia familia. Es increíble como consciente (y la mayoría de las veces) inconscientemente una situación determinada nos remite a “esa” situación que nos marco para siempre y nos enfrenta y retorna con ese dolor aun no trascendido y los miedos aun no superados.

Y pienso… Puede doler tanto o de la misma manera la ausencia de alguien a quien no se conoció nunca, porque por alguna razón eligió no hacerlo o no supo hacerse cargo? Y se puede aun, quererla cuando no se posee más que el recuerdo inconsciente de cuando todavia formaba parte de ella...?

Si, la ausencia duele, del modo que sea, pero duele. Y aun más cuando está acompañada de un gran "Porqué" sin respuesta. Aunque en el fondo se intuye esa respuesta; Ya sabemos que nada sucede porque si, sino más bien, por un solo y único fin; nuestra evolución y aprendizaje.
Entonces no nos queda más que aprender de estas nuevas situaciones para poder superar aquellas, que no son más, que el origen de estas.
Nos quedará entonces, superar los ecos de ausencias pasadas y enfrentar el miedo de una nueva ausencia.

AS dijo...

Mau, gracias y bienvenido!

Bety, ...?

 

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